En Gigonsa llevamos décadas acompañando a empresas que han dado el salto al biodiesel, ya sea con mezclas bajas como B5 o B10, o con mezclas más altas pensadas para proyectos de descarbonización más agresivos. Lo que vemos una y otra vez es que el biodiesel trae beneficios claros en términos ambientales y de lubricidad, pero también introduce nuevos riesgos operativos que, si no se gestionan, se traducen en paros imprevistos, filtros tapados, bombas de inyección dañadas y costos que nadie tenía en el presupuesto. Por eso, más que demonizar al biodiesel, creemos que la conversación correcta es: ¿cómo proteger el motor y la operación cuando se trabaja con este tipo de combustible?
El biodiesel requiere condiciones especiales de almacenamiento y manejo para mantener su calidad.
El biodiesel, técnicamente ésteres metílicos de ácidos grasos (FAME), está regulado por normas como ASTM D6751 en Estados Unidos y EN 14214 en Europa. Estas normas garantizan parámetros mínimos de calidad, pero la realidad operativa suele ser más compleja que las condiciones de laboratorio.
La promesa del biodiesel y la realidad en operación
El biodiesel, técnicamente ésteres metílicos de ácidos grasos (FAME), está regulado por normas como ASTM D6751 en Estados Unidos y EN 14214 en Europa, que garantizan parámetros mínimos de calidad, desde la estabilidad oxidativa hasta la cantidad máxima de agua y sedimentos permitidos. Estas normas han permitido que el biodiesel se convierta en un componente habitual de los combustibles diésel en muchos países, con mezclas típicas de hasta B7 o B20 en aplicaciones de transporte y generación.
Sin embargo, la realidad en campo rara vez es la de un laboratorio perfecto. El combustible viaja, se almacena, se bombea, se mezcla y se transfiere entre tanques, lo que abre la puerta a variaciones en la calidad: entrada de agua, contaminación por sedimentos, variaciones de temperatura, oxidación y crecimiento microbiano. Incluso cuando el biodiesel cumple la norma al salir de planta, puede dejar de cumplirla después de semanas de almacenamiento o tras varios trasvases.
Desde nuestra experiencia, esa brecha entre la especificación del papel y las condiciones reales de operación es donde nacen la mayoría de los problemas. Y es precisamente ahí donde la gestión de agua y contaminantes en el diésel se vuelve crítica.
¿Por qué el biodiesel es más sensible al agua y a la contaminación?
El biodiesel tiene características físico-químicas que lo hacen más susceptible a ciertos problemas que el diésel fósil. Por ejemplo, tiende a absorber y retener más agua, tanto disuelta como libre, lo que explica por qué normas como EN 14214 limitan el contenido de agua alrededor de 500 mg/kg (aprox. 500 ppm). Cuando esa especificación se sobrepasa, la probabilidad de corrosión, crecimiento bacteriano y formación de lodos aumenta considerablemente.
Los motores modernos son especialmente sensibles a la calidad del combustible biodiesel.
Consecuencias reales en el motor: de filtros tapados a inyectores dañados
Cuando el biodiesel entra al sistema con agua, sedimentos o productos de oxidación, el primer lugar donde se manifiestan los problemas es en los filtros. Diversos trabajos técnicos y posicionamientos de asociaciones de fabricantes de motores describen fenómenos recurrentes: taponamiento prematuro del filtro, formación de depósitos en inyectores, gripaje de anillos de pistón, dilución del lubricante y degradación de sellos y elastómeros.
El agua, por su parte, tiene un doble impacto. Por un lado, provoca corrosión en bombas, líneas e inyectores y puede generar picaduras en componentes críticos del sistema de combustión. Por otro, crea el ambiente ideal para el crecimiento de bacterias y hongos que se alimentan del combustible, generando sedimentos biológicos que terminan desprendiéndose y viajando hacia los filtros y el sistema de inyección. Esos “lodos” microbianos pueden llevar a fallas severas en motores que, sobre el papel, estaban alimentados con un combustible “dentro de especificación”.
En climas fríos, el agua presente en la mezcla también puede congelarse, formar cristales e impulsar procesos de gelificación acelerada del combustible, lo que se traduce en dificultades de arranque, pérdida de potencia y paros imprevistos. Al final, el costo no es solo el reemplazo de un filtro, sino las horas paradas de una máquina, un camión, una planta de energía o una embarcación.
El papel crítico de la separación de agua en diésel y biodiesel
Frente a este contexto, los sistemas de separación de agua y purificación de diésel adquieren un protagonismo central. No basta con un filtro tradicional; se requiere una gestión activa del agua libre y de los sedimentos antes de que el combustible llegue a la bomba de inyección. En la práctica, eso se traduce en instalar equipos que actúan como un auténtico diesel and water separator, es decir, un sistema capaz de recibir una mezcla contaminada y entregar al motor un flujo de diésel limpio y seco.
En el lenguaje técnico internacional, hablamos de soluciones como diesel fuel water separator o water separator for diesel fuel; dispositivos que combinan funciones de diesel water separator fuel filter con etapas de remoción de partículas y agua. En muchas especificaciones de flotas y plantas industriales se mencionan también categorías como diesel fuel filter and water separator, diesel water separator filter o diesel water fuel separator, e incluso expresiones como diesel fuel water remover o diesel water remover, todas orientadas al mismo objetivo: impedir que el agua y los sedimentos entren al sistema de inyección.
| Problema común | Causa relacionada con biodiesel | Solución recomendada |
|---|---|---|
| Filtros tapados prematuramente | Sedimentos, lodos microbianos y productos de oxidación | Sistema de filtración y separación de agua eficiente |
| Daños en bombas de inyección | Corrosión por agua y falta de lubricidad | Separación efectiva de agua y aditivos lubricantes |
| Inyectores con depósitos | Contaminantes y glicerina no reaccionada | Purificación avanzada del combustible |
| Problemas de arranque en frío | Gelificación y cristalización del biodiesel | Control de temperatura y aditivos de flujo en frío |
| Crecimiento microbiano en tanques | Alta retención de agua en el biodiesel | Separación de agua y biocidas cuando sea necesario |
Cómo protegemos los motores en Gigonsa con AK Purifier
En Gigonsa, nuestra respuesta a estos desafíos es AK Purifier, una tecnología de purificación de combustible diésel que desarrollamos precisamente para eliminar hasta el 99% del agua y los sedimentos que viajan con el combustible, incluso en aplicaciones donde se utilizan mezclas con biodiesel. Nuestra solución funciona como un sistema avanzado de diesel fuel water separator, pero va más allá del filtro convencional porque emplea tecnología de centrifugación sin elementos desechables, lo que elimina la necesidad de recambios constantes y reduce el costo de mantenimiento a prácticamente cero durante toda la vida útil del equipo.
Diseñamos tres líneas de producto para adaptarse a distintos entornos: la Línea Clásica en acero al carbón para la mayoría de las aplicaciones diésel; la Línea Premium en acero inoxidable, pensada para condiciones extremas de humedad, polvo, salinidad o lodo; y la Línea Agrícola, enfocada en maquinaria de campo. En todas ellas mantenemos un estándar: unidades selladas, sin partes reemplazables, con vida útil de hasta 15 años y garantías que van desde 7 años hasta de por vida en la línea Premium.
Sistemas avanzados de separación de agua como AK Purifier son esenciales para operar con biodiesel.
Lo que buscamos con AK Purifier es que el motor reciba siempre un combustible limpio y seco, protegiendo bombas e inyectores, alargando la vida de los filtros primarios y reduciendo emisiones visibles. Al operar en más de 25 países y con miles de usuarios industriales, hemos comprobado que invertir en purificación avanzada de diésel y biodiesel no solo protege el patrimonio de nuestros clientes, sino que también les permite aprovechar de verdad las ventajas de los combustibles renovables sin vivir en alerta constante por posibles fallas.
Al final, la pregunta no es si el biodiesel es “bueno” o “malo” para el motor, sino si la operación está preparada para gestionar los desafíos adicionales que trae este combustible. El biodiesel puede aportar beneficios ambientales y de lubricidad, pero es más sensible al agua, a la oxidación y a la formación de sedimentos que el diésel fósil; por eso, sin un control riguroso de la calidad del combustible, los motores terminan pagando el precio.
Desde Gigonsa, nuestra postura es clara: el biodiesel es una herramienta valiosa siempre que llegue al motor en las condiciones adecuadas. Eso implica invertir en almacenamiento correcto, monitoreo de calidad, buenas prácticas de operación y, sobre todo, en sistemas de separación de agua y purificación capaces de garantizar que el combustible que entra al sistema de inyección esté realmente limpio. Solo así es posible disfrutar de las ventajas del biodiesel sin convertir cada arranque de motor en una apuesta de alto riesgo.

